Primer paso:
Buscar el lugar exacto, lo pensé bien antes de decidirlo al
final lo coloque en la nuca un lugar poco visible pues mi al soltar mi larga y
azabache cabellera ahí ya no entraba más el sol.
Segundo paso:
Encontrar herramientas adecuadas, use las manos y la ilusión
las cuales se desgastaron conforme se hacía más profundo aquel panteón, manos
sangrantes e inertes una buena cura para dejar la escritura, ilusión convertida
en desilusión, remedio amargo para cualquier amor.
Tercer paso:
Sellar la entrada con firmeza, junto con mi corazón enterré
mi poesía, palabras colocadas una sobre otra, coloqué los verbos a los
costados, los adjetivos al medio y usé los prefijos de unión.
Cuarto paso:
No desenterrar jamás al amor, los poemas, los
sentimientos, la pena y el dolor se fueron con el corazón, no recordaba tu
nombre y el mío se había confundido con uno más del montón, un engranaje más en
esta industria monótona e imparable.
Imprevistos: El invierno de tu voz rajando mis palabras y
rompiendo todo caparazón, atravesando enredadas cabelleras y laberintos de desilusión,
nefasta resurrección de mis tristes palabras, llenaron de rocío mis mejillas inundándola
de ilusión.
Conclusión: No tratar de enterrar a un loco corazón, dejarle
vivo caminar por las dunas de la espalda, internarse en el vientre y tomar de la mano a la razón, ya no seguir siendo una más del montón, seguir
sufriendo, viviendo, gozando y cantando cada vez que salga el sol.